Reencauzando el crecimiento

La trayectoria de bajo crecimiento en que se encajonó nuestra economía hace unos años tiene causas que van más allá del ciclo económico. Esta es la razón basal que explica por qué las políticas macro tienen poca capacidad para modificar esta realidad. También el que algunas recetas para reencauzar el crecimiento se repitan como un credo, por lo que conviene revisar su efectividad y sus limitaciones.

Un primer enfoque, inspirado en el Consenso de Washington, apunta a mejorar los fundamentos de la economía, especialmente en las áreas en que estos se han deteriorado, como el clima de negocios, el ambiente regulatorio y el sistema tributario. También se agrega la necesidad de reparar la crisis de confianza existente en nuestra sociedad, lo que obligaría al esfuerzo de todos los actores. Si bien estas variables tienen un efecto en la inversión y en la productividad, existe sólida evidencia que muestra que se trata de condiciones más necesarias que suficientes para un crecimiento más alto. Aunque esta perspectiva está lejos de ofrecer una salida cierta a la situación en que nos encontramos, en el actual clima de desorientación política este planteamiento se ha instalado como la plataforma de campaña de Chile Vamos.

Una segunda mirada sugiere que, para (re)activar el crecimiento, se debe aplicar un programa macizo de inversiones en infraestructura, a través de concesiones y de inversión pública. Si bien esta propuesta es transversal y está alimentada por la evidencia de las administraciones de Frei y Lagos, sus limitaciones hoy dicen relación con la severa restricción financiera del sector público y la escasez de proyectos atractivos. Y es que no se debe perder de vista que, cuando se trata de apoyar el crecimiento sostenido, la nueva infraestructura debe responder a estrategias concretas de desarrollo y transformación productiva, más que ser un objetivo en sí mismo. Muchos países gastan importantes sumas porque no cuentan con mecanismos efectivos de selección de proyectos, o bien, porque no tienen la capacidad de gestionar de manera eficiente la inversión, por lo que gran parte del efecto esperado se disipa tempranamente.

Un tercer enfoque, más alineado con las políticas de la actual administración, utiliza una perspectiva sectorial para identificar brechas de productividad y recoger las mejores prácticas internacionales para acortarlas, agrupándolas en un conjunto de actividades estratégicas, entre las que está la minería, las energías renovables, los alimentos y el turismo. La principal limitación de esta visión es que considera que el crecimiento se logra por la acumulación de factores dentro de un sector, más que asumirlo como un proceso de descubrimiento intersectorial. Visto así, sus resultados dependen de la colaboración público-privada, pero estos programas hasta ahora no han logrado entusiasmar al sector privado.

La efectividad de estos tres enfoques es limitada, si se aplican en forma aislada, pero cuando se integran en estrategias concretas de desarrollo pueden hacer aportes relevantes al crecimiento. De hecho, durante las últimas dos décadas se han extendido en el mundo las estrategias de crecimiento vinculadas a territorios, que normalmente son unidades urbanas. Estos proyectos buscan potenciar las fortalezas de las economías locales para aumentar su competitividad en los mercados internacionales. En estas estrategias, las políticas del Gobierno central se adaptan a las iniciativas priorizadas por los actores locales.

Cada vez hay más evidencia de que las economías urbanas están marcando la pauta del crecimiento mundial, desplazando el rol que jugaron en el pasado los gobiernos nacionales. De acuerdo con esta megatendencia, el futuro no se caracterizará por la superioridad de países, que son cada vez más difíciles de administrar, sino de ciudades, que se convertirán en espacios de gobernanza sobre los que se basará la nueva globalización.

La OCDE ha definido el siglo XXI como la era de las metrópolis, reconociendo que las ciudades se han convertido en los nuevos motores del crecimiento mundial. En Estados Unidos, la Brookings Institution, que tiene una sólida reputación en el ámbito de las políticas públicas, está organizando un foro para que las ciudades de tamaño intermedio intercambien experiencias en la gestión de sus estrategias de desarrollo, con 28 de ellas que ya son partícipes y con muchas más alrededor del mundo interesadas en sumarse.

Hace unas semanas, Claudio Orrego asombró a una audiencia que participaba en una conferencia sobre ciudades globales en Chicago, detallando las limitaciones políticas que tiene la gestión de estas unidades urbanas en Chile. Esta realidad, que ya había sido constatada por la OCDE en 2009, no ha logrado captar un sentido de urgencia en el país, lo que contrasta con una realidad mundial en la que hay en ejecución cientos de estrategias para apoyar la competitividad de territorios específicos. El desafío está planteado: los gobiernos nacionales deben apoyar la gobernanza de estos proyectos locales y canalizar sus recursos para fortalecer las estrategias de crecimiento que se construyen “desde abajo”, en un ambiente de colaboración público-privada efectivo.

Las iniciativas basadas en los territorios permiten aprovechar mejor los beneficios de la coordinación entre actores; tienen más sintonía con la integración e inclusión de todos los grupos sociales; ofrecen un mejor entorno para las inversiones privadas, y generan un ecosistema más dinámico para la innovación y el emprendimiento.

Por otra parte, la política local es más transversal, permitiendo que los proyectos de desarrollo pongan foco en la competitividad con un horizonte más allá del período de una administración. En contraste, la capacidad institucional a nivel local está menos preparada para conducir este proceso, por lo que es muy importante que los diferentes actores generen nuevas formas de colaboración y confianza, lo que permitiría desplegar estrategias para un crecimiento más dinámico.

En síntesis, debemos evitar las recetas que ofrecen “más de lo mismo”, como son la que se limita a mejorar los fundamentos económicos o la que insiste en proyectos sectoriales con poca efectividad. Más bien debemos reencauzar la estrategia de crecimiento del país, reconociendo que los activos económicos, sociales, culturales y políticos disponibles en los territorios son más efectivos en la generación de soluciones concretas para las aspiraciones que tiene la población.

LOS ACTIVOS ECONÓMICOS, SOCIALES, CULTURALES Y POLÍTICOS DISPONIBLES EN LOS TERRITORIOS SON MÁS EFECTIVOS EN LA GENERACIÓN DE SOLUCIONES CONCRETAS PARA LAS ASPIRACIONES QUE TIENE LA POBLACIÓN.

De Jorge Marshall Economista y Ph. D. Harvard

Fuente El Mercurio

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