El zarpazo centralista de Piñera

Las regiones tienen mucho que temer de Piñera. Estuvo detrás del ordenamiento electoral de la derecha oponiéndose a la elección de gobernadores regionales, tanto por su viraje conservador como por el cálculo de dominar hegemónicamente los territorios del país en su eventual victoria electoral. Piñera logró que incluso los segmentos liberales de Renovación Nacional, con mayor sensibilidad descentralizadora (como Becker en Temuco y Berger en Valdivia), se opusieran a avanzar aquí y ahora, coincidiendo con él en una oposición a este salto básico en democratización y empoderamiento político regional.

También votó en contra de la iniciativa el parlamentario de Amplitud por Valparaíso, Joaquín Godoy, por lo que se abre la incógnita sobre si Lily Pérez y García Ruminot mantendrán su postura favorable al proyecto en el Senado. Esta es la última estación de plausibilidad para una reforma que pende de un hilo por las trabas que de manera insólita le han puesto también un grupo de senadores PPD-PS (Ricardo Lagos, Adriana Muñoz, Carlos Montes, Alfonso De Urresti, Eugenio Tuma, Felipe Harboe).

La votación en la Cámara tuvo también incongruencias de oficialistas como Ramón Farías y Yasna Provoste, que se abstuvieron, el “error” de Víctor Torres, y la ausencia de otros concertacionistas. ¿Quiénes mantienen viva la reforma regionalista en el Senado? Los independientes (Alejandro Guillier, Antonio Horvath, Alejandro Navarro, Pedro Araya, Carlos Bianchi y hasta ahora Lily Pérez), la DC con unanimidad, se supone que Girardi y Quintana del PPD, así como Quinteros, Allende y Rossi del PS, más Chahuán y Ossandón de RN, el primero, líder de la facción regionalista en la derecha, y el segundo, tanto por su experiencia territorial y su competencia, con Piñera.

La élite del Barrio Alto tiene su candidato oligárquico y centralista y su proyecto de gobierno: Piñera y sus boys. Nada de autonomía mapuche ni región plurinacional. Los señores del miedo se preparan para hacer explotar los conflictos regionales con sus demoras y corrupción programática, y su actual oposición al proyecto de ley.

Con todo, sin el PPD y PS, el Senado no podrá forzar una comisión mixta en el tema en cuanto a fechas, inhabilidades y competencias, con lo cual se postergaría a fecha incierta. Ello, vis a vis la pesadilla histórica de que en la Constitución de 1925 en el papel se devolvió “la autonomía provincial” sustraída en el golpe portaliano de 1830, pero que el centralismo fáctico nunca concretó en la realidad, lesionando el mandato de la propia Constitución.

Sebastián Piñera tiene una mayor responsabilidad, ya que en la Cámara Renovación Nacional se alineó en contra, a pesar de que el proyecto de traspaso de competencias es positivo para la convivencia democrática, más pragmático (el gobernador regional es ejecutivo regional, presidente del Core y jefe de la administración metropolitana), con poderes claves en los asuntos más críticos en regiones: transporte, ordenamiento de ciudades, desarrollo rural, zonas rezagadas, ciclo integral de la basura, planificación territorial y desarrollo social.

El proyecto también establece los contratos País-Región en cada ley de presupuesto, como ocurre en España y sus pactos fiscales, lo que asegura de manera adecuada la ecuación autonomía y coresponsabilidad.

¿Qué está detrás de Piñera y los obstruccionistas, incluidos sectores del PS y el PPD que realizan una ambigua tarea a su favor? Lo más reaccionario de Chile: los grandes grupos que no quieren regiones que reclamen rentas por recursos naturales, ni planes que modelen un desarrollo sustentable y pongan regulaciones al funcionamiento de un modelo que hoy opera en libertad salvaje. Está, además, la hegemonía autoritaria paternalista y asistencialista de la UDI y el gremialismo de la UC, que solo creen en municipios pequeños (ni siquiera en una gobernanza metropolitana).

Sin un bloque transformador, un legítimo liberalismo y sin movilización de las regiones, Sebastián Piñera –en la eventualidad de su elección como Presidente– quedará impune y las regiones secuestradas. Se prepara prometiendo ingentes sumas en líneas de metro y oponiéndose a toda ley de rentas que implique ley espejo en infraestructura ferroviaria, que permitan reponer el tren al sur y al norte, o un endeudamiento estratégico para megaobras que alarguen y ensanchen Chile.

La élite del Barrio Alto tiene su candidato oligárquico y centralista y su proyecto de gobierno: Piñera y sus boys. Nada de autonomía mapuche ni región plurinacional. Los señores del miedo se preparan para hacer explotar los conflictos regionales con sus demoras y corrupción programática, y su actual oposición al proyecto de ley. La opción es mayores redes vivas para detener el nacionalcentralismo que terminará ahogando al país.

De ESTEBAN VALENZUELA

Fuente El Mostrador

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