Los Regionalistas seguimos más firmes que nunca

Existe un viejo refrán campesino que dice: “El que monta pingo chúcaro que se aguante si corcovea”. O dicho de otra manera: “el chileno aguanta hasta que se aburre”.

En tiempos de descomposición de los conglomerados políticos tradicionales y de creciente descrédito de instituciones como ejército, carabineros, iglesia o un sector empresarial coludido, resulta de suma relevancia proponer alternativas de asociatividad y acción política colectiva que ofrezca alternativas a estas lógicas imperantes.

La nueva ley de partidos políticos instaurada por el duopolio pretendió, siguiendo lógicas similares a las existentes en tiempos de Pinochet, dar un “tiro de gracia” a los partidos regionales, obligándolos por ejemplo a constituirse en por lo menos tres regiones contiguas, a pesar de las enormes diferencias identitarias, culturales, sociales, geográficas o de vocaciones productivas que pudiesen existir entre ellas. Ingenuamente uno podría deducir que no lograron comprender en profundidad el territorio, obviando las marcadas distancias Aysenmateriales y simbólicas que se producen en regiones vecinas como Aysén y Magallanes o Atacama y Coquimbo. En otras palabras, uno podría pensar que a estas autoridades les faltó “terreno, barrio o cancha”; o que definitivamente están desconectados de las realidades locales de millones de chilenos y chilenas. Ahora bien, si se es un poco más suspicaz, uno pudiese asumir derechamente que lo que el duopolio hizo fue dar un portazo a la posibilidad de abrir nuevos caminos a la participación, diversidad y profundización de la democracia, buscando aferrarse a las cuotas de poder que poseen desde hace décadas;  situación que evidentemente les acomoda y no quieren soltar por ningún motivo, a pesar del poco apoyo ciudadano con que cuentan (cuestión que en todo caso parece no preocuparles en demasía).

No han sido pocas las experiencias que acuden a este respecto. Junto con la ley de partidos políticos ya mencionada podemos agregar el veto que los partidos políticos (especialmente el PPD) están dando al proyecto de traspaso de competencias que subordina la implementación de la elección de intendentes (gobernadores regionales). Esta intención de dejarlo a medio camino o “chutearlo pa´ delante” no busca otra cosa sino que restar autonomía a los territorios, al verlos desde el centralismo hegemónico como un potencial de riesgo emancipador. Sin duda otro duro golpe a la descentralización y al regionalismo.

Ante situaciones como las descritas, no resulta extraño entonces que los conglomerados políticos que forman parte del duopolio (que aparentemente se muestran ordenados, eficientes, estables, que generan consensos fácilmente entre sí y que incluso poseen credibilidad internacional) no sean capaces de movilizar al electorado hacia sus urnas. El voto voluntario ha operado todo este tiempo en un contexto de profundo desprestigios del sistema político y económico, el cual se ha visto involucrado en numerosos escándalos de corrupción que ha tocado tanto al gobierno como a los sistemas de poder económico que controlan los medios de comunicación y producción. Todo esto se refleja en los porcentajes de abstención electoral cada vez mayores.

Los regionalistas no estamos al margen de estas discusiones y nos movilizamos. A pesar de que han hecho todo lo posible por restarnos espacios de legítima participación seguimos y seguiremos actuando en política. NO ha sido sencillo, sin embargo con gran convicción hemos logrado abrir espacios de diálogo político con actores relevantes con quienes existen coincidencias.

Los regionalistas no estamos al margen de estas discusiones y nos movilizamos. A pesar de que han hecho todo lo posible por restarnos espacios de legítima participación seguimos y seguiremos actuando en política. No ha sido sencillo, sin embargo con gran convicción hemos logrado abrir espacios de diálogo político con actores relevantes con quienes existen coincidencias. El Frente Amplio representa una oportunidad de avance en esa senda, con ellos compartimos puntos en común, como el interés por una nueva constitución, proponer a la ciudadanía una alternativa válida a la Nueva Mayoría y a la derecha; y actuar con lógicas distintas en política (como la no vinculación  con aportes ilícitos de las campañas). Sin embargo, los regionalistas también poseemos nuestros propios conocimientos, saberes y énfasis: temáticas propias del ordenamiento territorial, descentralización, problemáticas ecológico-ambientales y nuestro profundo conocimiento de las regiones y la ruralidad (con sus recursos y problemáticas) nos da un valor agregado insustituible que queremos poner a disposición en esta construcción colectiva. Además tenemos una amplia experiencia de trabajo político en lo local y desde las bases. Por tanto, los regionalistas nos consideramos un real aporte en este referente amplio que estamos formando en todo el país.

Debemos demostrar que somos más, distintos y mejores. Nos mueve trabajar en pos de valores como la diversidad, la transparencia y el pluralismo político. Necesitamos fortalecer procesos de democracia participativa y búsqueda de superación del modelo extractivista. Pretendemos impulsar lógicas de desarrollo sustentable bajo un compromiso de responsabilidad intergeneracional. En síntesis, nuestra motivación y acción política invita todos y todas a participar de una nueva fuerza política amplia y diversa que se constituya en una viable alternativa al duopolio.

Por todo lo anterior es que estamos ad portas de lanzar el Partido Federación Regionalista Verde Social (conformada inicialmente por el Frente Regional y Popular de Atacama, la Fuerza Regional Norte Verde de Coquimbo, el Movimiento Independiente Regionalista, Agrario y Social de O’Higgins; y el movimiento Somos Aysén de la Región de Aysén), quienes formaremos un nuevo referente político, con énfasis regionalista, el que busca mejorar las condiciones de vida de los chilenos y chilenas no representados por la manera en que se ha hecho política hasta el día de hoy.

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Fuente El Mostrador

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